Autoevaluación
Permite conocer cómo interpreta la persona su propio desempeño.
Obtenga una visión amplia del desempeño mediante la percepción de jefes, pares, colaboradores, clientes internos y la propia autoevaluación. Identifique fortalezas, brechas de competencia y prioridades de desarrollo con reportes claros y comparables.
La organización define qué grupos participarán, cuántos evaluadores se requieren y qué competencias serán observadas.
Permite conocer cómo interpreta la persona su propio desempeño.
Aporta la perspectiva de resultados, prioridades y responsabilidad.
Refleja colaboración, comunicación y coordinación horizontal.
Explora liderazgo, delegación, claridad y desarrollo del equipo.
Evalúa servicio, respuesta, cumplimiento y relación entre áreas.
El cuestionario puede centrarse en liderazgo, desempeño, colaboración, servicio, gestión de personas u otras competencias definidas por la organización.
Dirección, credibilidad, toma de decisiones, comunicación e impacto en otros.
Claridad, escucha, retroalimentación, manejo de conversaciones y alineación de expectativas.
Colaboración, confianza, apoyo, coordinación y construcción de acuerdos.
Planeación, seguimiento, enfoque, priorización y cumplimiento de compromisos.
Apertura al cambio, aprendizaje, flexibilidad y respuesta ante escenarios nuevos.
Delegación, reconocimiento, seguimiento, desarrollo y creación de condiciones de desempeño.
Análisis, criterio, búsqueda de alternativas, anticipación y calidad de decisiones.
Disponibilidad, respuesta, comprensión de necesidades y colaboración entre áreas.
Congruencia, cumplimiento, respeto, manejo de información y conducta profesional.
Seleccionamos población, competencias, grupos evaluadores y reglas de confidencialidad.
Preparamos cuestionarios, escalas, invitaciones y estructura de participación.
Los participantes responden en línea desde distintos dispositivos.
Se integran reportes individuales, comparativos y prioridades de desarrollo.
La persona evaluada puede comparar su percepción con la de los demás grupos y reconocer fortalezas consistentes o diferencias relevantes.
Promedios, diferencias y distribución de respuestas por grupo evaluador.
Contraste entre autoevaluación, jefe, pares, colaboradores y clientes internos.
Identificación de competencias reconocidas por otros y áreas donde existen discrepancias.
Priorización de conductas, compromisos y acciones de seguimiento para el siguiente periodo.
Identifique hábitos, fortalezas y conductas prioritarias en supervisores, jefes y gerentes.
Obtenga evidencia adicional para preparar talento con potencial para asumir nuevas responsabilidades.
Detecte patrones de colaboración, comunicación, servicio interno y coordinación.
Diseñe programas de formación con base en brechas observadas y no únicamente en percepciones generales.
Repita la evaluación después de un periodo para observar avances y ajustar compromisos.
Integre resultados agrupados para identificar tendencias por nivel, área o población.
Antes de aplicar, se explican el objetivo, el uso de resultados, la forma de agrupación y quién tendrá acceso a cada reporte.
Un proceso responsable evita usar la retroalimentación como castigo, protege la confidencialidad acordada y acompaña los resultados con interpretación y seguimiento.
Comparta la población, número de participantes, competencias y objetivos. Prepararemos una propuesta con alcance, configuración y entregables definidos.
La evaluación 360° debe interpretarse en contexto y utilizarse como herramienta de desarrollo. No sustituye por sí sola la evaluación integral del desempeño ni las decisiones de Recursos Humanos.